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 MARÍA DE NAZARETH Y LA SAMARITANA

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ValmoreM
Invitado



MensajeTema: MARÍA DE NAZARETH Y LA SAMARITANA   Mar Mar 05, 2013 11:03 am

MARÍA DE NAZARET Y LA SAMARITANA

Cuando María de Nazaret toma la decisión de plegarse a la misión de su hijo Jesús entregándole a Jaime, el menor de sus hijos para que lo adoctrinara, y a su hno Jaime para que tuviese con Jesús los cuidados que ella no podría tener, ya faltaba poco tiempo para que se arreciara la persecución contra Jesús y su final martirio; comenzando para María días de angustias, sufrimiento y dolor.

Por otra parte cuando los escribas en su persecución contra Jesús acosándolo a preguntas para inculparlo, le llegaron a preguntar ¿si él era el Mesías que esperaban ¿ Jesús les respondió: ”¿Para que queréis que lo sea si no me recibís? Yo vengo en nombre de mi Padre y no me queréis, por eso no aceptáis mi doctrina; pero otro vendrá y aquel, si lo recibiréis; más en aquel día serán cumplidas y pesadas todas las cosas y el Espíritu de Verdad descenderá y justificará mis palabras”.

Con relación a esas respuestas de Jesús en la “Filosofía Austera Racional” se plantea:

“ESTE ERA EL PUNTO CAPITAL DE LA MISIÓN DE JUAN Y JESÚS Y YA QUEDA CUMPLIDO; HA TRIUNFADO LA LEY UNA VEZ MÁS. JESÚS DEBÍA ENTONCES YA, O ESQUIVAR LA ACCIÓN DE SUS ENEMIGOS, O AFRONTAR DECIDIDO, LA MUERTE.”

“Trató Jesús de esquivar a sus enemigos pero cómo conseguirlo en aquellas tierras de víboras. Y cómo emigrar dejando a sus discípulos débiles, que dejarían morir la semilla? Entonces se dedicó a enseñarles los secretos e instruirles en la predicación y se trasladaba de ciudad en ciudad y de aldea en aldea sin poder fijar hogar.”

“Jesús se veía ya acorralado, porque el pueblo se había sublevado muchas veces por causa de su prédica” Decide Jesús dar su último discurso en Jerusalén, donde menos lo esperaban sus enemigos, en el propio Templo, para ello hace uso de sus cualidades facultativas y toma consejo de los espíritus de ELÍAS Y ENOS de donde obtiene la información de que: “SU SENTENCIA ESTÁ DADA, PERO QUE PUEDE DEFENDERSE Y TOMAR EL TEMPLO Y REINAR AÚN, SI ASÍ LO QUIERE”

“Ha dado Jesús cuenta a la kábala de su conversación con Elías y Enos y la Escuela Esénica idea la forma de dar cumplimiento, procurando la toma del templo y poner en el trono a Jesús, que tanto partido tenía entre el pueblo”

“La Escuela Esénica, cuenta entre sus adeptos al príncipe de Ur, ciudad no rendida a los Romanos en la Caldea, porque los romanos mismos la respetan por ser la cuna de Abraham, cuyo príncipe empezó a formar ejército para cuando fuese la hora.”

“Se entró Jesús en la sinagoga sembrando el pánico entre los Doctores, Escribas y Sacerdotes, que trataron de echarle mano; pero el pueblo lo rodeó y Jesús los trató con la galantería que merecían sus enemigos …”

Sobre este discurso el Maestro Joaquín Trincado agrega:

“Puede decirse que éste es el último sermón de Jesús. Jerusalén se convulsionó y los sacerdotes se convencieron que por el camino de la justicia, no podrían quitarse del medio a Jesús. PERO JURARON LOS SACERDOTES CRUCIFICARLO Y BUSCARON EL MEDIO DE LA INTRIGA POR CUALQUIER MEDIO.

Salió Jesús de Jerusalén y sus discípulos le salieron al encuentro imponiéndole de cuanto habían oído de crucificarlo.”

“El tío Jaime, llamó a MARÍA a Jerusalén; LA SAMARITANA que se metía por todas partes, sabía todo y sorprendió el primer conciliábulo de los escribas con Judas Iscariote…”

“Llegó MARÍA alarmada, corriendo los caminos hecha una lástima, sin poder alcanzar a Jesús, que tenía que estar en constante movimiento esquivando la persecución, hasta que fuera ordenado.”

NOTA DE VALMORE: El Maestro relata a continuación, en la Filosofía Austera Racional” ese encuentro que se da entre MARÍA DE NAZARET Y LA SAMARITANA, dos mujeres que nunca se habían  visto, y se encuentran por primera y última vez en esa existencia, y en un momento crucial de la vida y misión de Jesús. El relato de ese encuentro es muy sintético en la “Filosofía Austera Racional” como verán de inmediato, pero como yo se que existe otro documento donde el encuentro entre MARÍA DE NAZARET Y LA SAMARITANA es muy dramático y está perfectamente detallado lo daré después que lean lo que dice al respecto el Maestro Joaquín Trincado:

EXPONE EL MAESTRO JOAQUÍN TRINCADO SOBRE EL ENCUENTRO ENTRE MARÍA DE NAZARET Y LA SAMARITANA:

“A María la encontró la Samaritana, y conocida, la condujo enferma a casa del gobernador, donde servía.”

“La Samaritana ha instalado a María, dando conocimiento a su amo de quien es la huésped, a la que el gobernador visitó y la consoló asegurándole "que la ley civil no había sido desconocida por Jesús, por lo que no lo sentenciaría y lo defendería en cuanto pudiera; pero que convenía, que Jesús, para sus doctrinas, eligiera otro Teatro, porque sus doctrinas (con las que estaba conforme) eran destructoras de la religión y todo lo temía de los sacerdotes y además, EN EL PUEBLO NO SE PUEDE TENER CONFIANZA PORQUE ES DEL ÚLTIMO QUE LLEGA, DEL ÚLTIMO QUE LE HABLA".

“Repuesta María con los pródigos cuidados que se le prestaron y auxiliada por los medios y regalos que el gobernador le diera, con más cartas y recomendaciones, salió de aquella granja, acompañada de la Samaritana, hasta encontrarse con las Marías (Cleofas y Magdalena) avisadas a tiempo por la sirvienta del gobernador,( LA SAMARITANA), que las impuso, ocultando a la madre la trama que sorprendió de Judas y los sacerdotes.

NOTA DE VALMORE: No podía el Maestro Joaquín Trincado describir con detalle el encuentro de María de Nazaret y la Samaritana, ni de otros personajes en esa interesantísima historia donde el Maestro Juez apenas da pinceladas de la verdadera historia de “JESÚS HOMBRE Y NO DIÓS”. Ahora pasemos a leer lo que describe el espíritu de IRIS en el libro “Te Perdono” sobre el encuentro entre LA SAMARITANA Y LA MADRE DE SU ADORADO JESÚS. Recordemos que el espíritu de IRIS es el mismo espíritu de la SAMARITANA y de TERESA de JESÜS DE ÄVILA.

ENCUENTRO ENTRE LA SAMARITANA Y MARÍA DE NAZARET
SEGÚN EL LIBRO “TE PERDONO”.

-LA SAMARITANA: ……..de pronto sentí en todo mi ser un estremecimiento extraño; cruzó por mi mente el pensamiento de irme al campo, pero sin demora, y besando al niño, (que era el hijo de Poncio Pilatos), le dije:

- LA SAMARITANA: Mira, ahora recuerdo que no he cumplido un encargo que me han hecho: me voy y volveré muy pronto. Abelín me miró enojado y me dijo:

-ABELIN: Siempre me dejas, me dejas subiendo que cuando tú no estás conmigo estoy muy triste.

-LA SAMARITANA: La voz del niño me conmovió profundamente: pero al mismo tiempo sentía vivísimos deseos de salir al campo; le di muchos besos, le prometí que volvería pronto y me dirigí a mi aposento; miré varias veces hacia atrás, y vi que Abelín se había sentado muy pensativo. ¡Pobre niño! Necesitaba del calor de mi alma; pero a pesar de todo, no dejé de arreglarme y salí de la ciudad precipitadamente. Cuando me vi en el campo, no pude menos de decir con extrañeza: "He salido, pero ¿para qué he salido?" Anduve mucho por un camino estrechito bordeado de flores y sombreado por árboles floridos; era un caminito delicioso; cruzándolo se sentía amor a la vida, porque todo lo que se miraba era bello, tan bello era, que insensiblemente anduve más despacio para contemplar mejor lo que me rodeaba.

-LA SAMARITANA: Al fin salí de la florida senda y encontré una inmensa llanura tapizada de una verde alfombra sombreada ésta por añosos olivos; al pie de uno de éstos VI A UNA MUJER SENTADA EN EL SUELO, reclinando su cabeza en el tronco del árbol; parecía una mendiga por la pobreza de su traje, cubierta por un manto negro, no le veía desde lejos el rostro; me fui acercando lentamente hasta llegar junto a ella; la mujer no hizo el menor movimiento al verme llegar; parecía que miraba sin ver, era relativamente joven; pero su semblante estaba tan ajado y tan marchito, que parecía una anciana sin serlo. Se adivinaba en su rostro las huellas de la belleza, sus ojos especialmente eran muy grandes y hermosos, pero estaban empañados, sin brillo alguno, y en sus largas pestañas se detenían las lágrimas sin resbalar por sus demacradas mejillas.
A pesar de la pobreza de su traje, no parecía una mujer vulgar, imponía respeto, al menos a mí me lo impuso; me postré ante ella y la pregunté con cierto temor:

-LA SAMARITANA: ¿Estáis enferma?

-MARÍA DE NAZARET: Sí, contestó la mujer.

-LA SAMARITANA: ¿Qué os duele? ¿Qué lesión tenéis en vuestro cuerpo?

-MARÍA DE NAZARET: Tengo enferma el alma.

-LA SAMARITANA: Y cerró los ojos, como si diera por terminada la conversación. Yo entonces pensé y dije: "¿Si podré ser útil a esta mujer?
Probemos." Y tratando de cogerle una de sus manos, le dije con cariño:

-LA SAMARITANA: Parece que estáis muy abatida, ¿queréis morir?...

-MARÍA DE NAZARET: Si pudiera, sí; sufro mucho.

-LA SAMARITANA: Los desgraciados deben ser muy amigos; los desgraciados se comprenden fácilmente, y creo que vos y yo nos comprenderemos; miradme bien. La mujer se incorporó con trabajo y abriendo sus grandes ojos, me miró fijamente. ¿Qué leí yo en aquellos ojos? ¿Qué encontró ella en los míos? No lo sé, pero lágrimas abundantes bañaron su rostro y respiró con menos dificultad. Yo entonces estreché sus manos entre las mías; las suyas estaban secas, ardientes rígidas. ¡Pobre mujer! Sentí por ella una compasión inmensa, estaba sola como yo; quería hacerla hablar, pero ella sólo contestaba: "Sí, no", y eso haciendo un esfuerzo. Al fin me dijo:

-MARÍA DE NAZARET: Dejadme: necesito reposo, estoy muy cansada; vengo de muy lejos.

-LA SAMARITANA: Bueno, ya reposaréis; esto no es lugar a propósito para descansar; aquí estáis muy mal.

-MARÍA DE NAZARET: No, que estoy muy bien; estoy sola, lejos de los hombres.

-LA SAMARITANA: No, no; no me convencéis; vendréis conmigo, y en mi aposento encontraréis un lecho blando, y allí podréis dormir.

-MARÍA DE NAZARET: Pero... ¿dónde vivís?

-LA SAMARITANA: En la ciudad, en el palacio del gobernador, (Poncio Pilatos).

-MARÍA DE NAZARET:¡Allí! ¿Vivís allí?... Pues allí no quiero ir; no quiero entrar en las grandes ciudades, porque en ellas la justicia comete injusticias: se persigue a los inocentes, y no quiero que me persigan como le persiguen a El.

-LA SAMARITANA:¿Y quién es El? -le pregunté temblando, porque inmediatamente pensé que aquella mujer se refería al hombre-Dios.

-MARÍA DE NAZARET: ¿Que quién es El? No lo sé, le voy siguiendo, pero nunca le encuentro, ¡siempre llego una hora más tarde!...

-LA SAMARITANA: Y la mujer se cubrió el rostro con las manos y lloró con el mayor desconsuelo. Yo, al verla tan desconsolada, sentí celos, sí, celos terribles; aquella mujer le quería y era muy hermosa: valía mucho más que yo. ¡Ah! Necesitaba saber por qué le seguía, y con tono imperioso, la dije:

-LA SAMARITANA: Estoy celosa de vos, ¿quién sois? ¿Qué lazos os unen al hombre-Dios?

-MARÍA DE NAZARET: Todos... y ninguno; son misterios de familia.

-LA SAMARITANA: ¿Misterios de familia? ¿Luego no le amáis como se ama al hombre?

-MARÍA DE NAZARET: No, mujer, no; le amo sobre todas las cosas de este mundo; por El sentí el placer más puro que siente la mujer en la tierra; le he besado antes que nadie le besara; le he sentido llorar antes que nadie le sintiera; le he visto andar antes que nadie le tendiera sus brazos para sostenerle; ese hombre es mío... y no lo es; tengo poder sobre su voluntad y mi voluntad obedece sus mandatos; hay entre El y yo todos los amores, y sin embargo... ¡hace mucho tiempo que no le veo!...

-LA SAMARITANA: Cuando hablaba aquella infeliz, sus miradas divagaban de tal modo, que creí que estaba loca; pero necesitaba cerciorarme de ello; así es que le dije:

-LA SAMARITANA: Bueno, bueno, aquí no podéis permanecer.

-MARÍA DE NAZARET: Pero si no puedo andar

-LA SAMARITANA: Sí, podréis, porque lo quiero yo. Y pensando en El, le dije:

-LA SAMARITANA: Mujer, levántate y anda. Y la mujer se levantó dócilmente, sin saber lo que le pasaba. Rodeé su cintura con mi brazo y emprendimos la marcha; la mujer caminaba en silencio, pero al ver los muros de la ciudad, se detuvo y dijo:

MARÍA DE NAZARET: Ahí no quiero entrar.

-LA SAMARITANA: Entrarás, porque lo quiero yo. La mujer se resistió violentamente; pero como estaba tan débil, al fin se rindió; yo pedí auxilio a unos hombres de armas; éstos me ayudaron a conducirla, porque la mujer estaba sin conocimiento. Al llegar a mi morada, la coloqué en mi lecho, y me dije contemplándola: "De aquí no saldrá hasta que yo sepa si está loca o cuerda. Es muy hermosa esta mujer; está marchita por el dolor y yo estoy celosa de su hermosura y de esa intimidad que ha tenido con El.

-LA SAMARITANA: Ahora busquemos un médico. Y me dirigí en busca del gobernador, para contarle lo que me pasaba. Abelín salió a mi encuentro, amenazándome con sus blancas manecitas y abrazándome después, diciéndome:

-ABELÍN: ¡Siempre te vas! Me voy convenciendo de que no me quieres. En esto llegó el gobernador y le conté mis cuitas, pidiéndole la asistencia de un médico.

-PONCIO PILATOS:¿Por qué no la curas tú?-me dijo el gobernador -, ¿ya no recuerdas el poder que tienes?

-LA SAMARITANA: Tenéis razón. Y corrí presurosa, mientras Abelín lloraba pidiéndole a su padre que me detuviera. Entré en mi aposento y la enferma seguía desmayada; apoyé mis manos en su frente, pensé en El y el rostro de la mujer se fue coloreando, sus labios secos se humedecieron, sus manos crispadas se abrieron y las dirigió a su corazón; abrió los ojos y miró asombrada en tomo suyo; al fin me vio y se incorporó con viveza, diciéndome:

-MARÍA DE NAZARET: -¡Otra vez nos encontramos!

-LA SAMARITANA: Es que no os he dejado, porque quiero saber vuestro secreto; quiero saber por qué antes que nadie le habéis besado; por qué antes que nadie le habéis oído llorar, por qué antes que nadie le habéis visto andar, a ese hombre que es mi vida, que es mi salvación. Yo ya hace tiempo que le conozco: le conocí junto a una fuente; allí me habló con la mayor dulzura; allí me prometió que pasando muchos siglos volveríamos juntos a la tierra; ¡ese hombre es mi vida! ¿lo entendéis? Yo no puedo tolerar que nadie le quiera más que yo; si otra mujer le quisiera más que yo, me moriría de angustia y de dolor, al pensar que sería de ella y que yo tendría que renunciar a su posesión. La mujer me miró compasivamente y me dijo con ternura:

-MARÍA DE NAZARET: No me extraña tu lenguaje apasionado, cuantos le ven, le quieren, ¡es tan hermoso!... ¡es tan bueno!... habla de un solo Dios y de una sola familia; antes que nadie yo escuché su palabra divina, y le quiero sobre todas las cosas de la tierra; le quiero en el seno de los placeres celestiales; no te lo quitaré ni como hombre, ni como Dios: las madres aman a sus hijos, y yo amaré siempre al hijo de mi alma.

-LA SAMARITANA: ¿Qué dices? ¿El...?

-MARÍA DE NAZARET: El... es ¡¡mi hijo!! Al oír esto, yo caí de rodillas ante ella, besé sus manos diciéndole:

-LA SAMARITANA: Si El es tu hijo, yo debo idolatrarte como le idolatro a El. Ella me levantó y me estrechó contra su corazón diciendo:

-MARÍA DE NAZARET: Ámale, sí, ámale mucho, porque mi hijo merece ser amado; y ahora que sabes mi secreto, ahora que me has devuelto la vida, déjame partir, acompáñame hasta dejarme fuera de la ciudad, que yo en las ciudades me ahogo, y además necesito verle a El. ¡Hace tanto tiempo que no lo veo!

-LA SAMARITANA: Bien, ya os iréis; pero yo no quiero que vayáis de esta manera: parecéis una mendiga, y vos no debéis mendigar mientras El va dando cielos a cuantos le quieran oír; no quiero tampoco que vayáis sola; yo haré que una persona os acompañe, y ésta os tendrá en relación constante. No temáis, yo lo arreglaré todo, todo; y como para ir por el mundo se necesita oro, yo tengo un pequeño tesoro en piedras preciosas, que lo cambiaré por un puñado de útiles monedas, las que os entregaré para que podáis adquirir noticias ciertas de vuestro hijo.
-LA SAMARITANA: Y acto seguido saqué mi hermoso traje blanco, aquel traje que yo guardaba como el último recuerdo de mi juventud, y desprendiendo de él las ricas joyas que lo adornaban, le dije:

-LA SAMARITANA: Esperadme, pronto vuelvo. Ella me dejó hacer, y yo salí presurosa; pero a los pocos pasos, Abelín salió a mi encuentro, diciéndome:

-ABELIN: ¿Dónde vas? Te estoy esperando, y ahora ya no te escaparás. Y la inocente criatura se abrazó a mí, sin quererme soltar. Llegó en esto el gobernador, y debió leer en mi rostro la angustia y la contrariedad, porque me dijo:

- PONCIO PILATOS: ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? Nunca estás tranquila, dime la verdad.

-LA SAMARITANA: Yo entonces le dije cuanto me había ocurrido y a dónde iba.

- PONCIO PILATOS: Ibas a deshonrarme-replicó él con enojo-; vuélvete con tus joyas, que tuyas son, mas no para que te desprendas de ellas, y en cuanto a esa mujer, yo veré si es una impostora, que quizá lo sea, pues no puedo creer que un hombre que promete cielos y vida eterna, tenga a su madre mendigando por esos mundos.

-LA SAMARITANA: Viendo que no tenía más remedio que obedecer, volvía con el gobernador a mi aposento; la mujer, al verle, sin duda, le reconoció, porque se arrojó a sus plantas diciendo:

-MARÍA DE NAZARET: ¡Perdón!

- PONCIO PILATOS: ¡Levántate!-replicó él-. Sólo los criminales necesitan ser perdonados, y como no sé si tú lo eres, me abstengo de darte lo que es probable que no necesites.
Esta me ha dicho algo muy importante sobre ti: quiero saber la verdad de todo; siéntate y habla, que te escucharé con atención y te defenderé si alguien te acusa y no debes ser acusada.

-LA SAMARITANA: La mujer, animada por aquel lenguaje casi cariñoso, se sentó; lo mismo hicimos el gobernador y yo; ella parecía que coordinaba sus recuerdos, porque se pasaba la mano por la frente, hasta que al fin habló, y habló largamente; de su extenso relato sólo diré la síntesis, por no ser de interés capital la relación con todos sus detalles. Dijo que pertenecía a una familia noble; que casi niña, la casaron contra su voluntad con un hombre, que a pesar de ser bueno, le fue a ella tan profundamente antipático, que en la noche de bodas le pidió como una gracia especial que no hiciera uso de sus derechos conyugales; el marido accedió a los deseos de su infantil esposa; y al día siguiente se marcho de la población, quedando la niña libre del yugo marital; ella, pasado algún tiempo, encontró su situación muy dificultosa, murmurada de unos y de otros, sin dar en realidad motivos para ello; y arrepentida de su irreflexión, se fue en busca de su marido, suplicándole que la recibiera en sus brazos, que arrepentida volvía a ellos reconociendo y sintiendo su infantil ligereza; el marido reconoció que el yerro de su esposa debía ser perdonado; y con ella volvió a su hogar; en él vivieron algunos meses, hasta que la joven esposa dio a luz un niño admirable por su belleza y por la expresión de sus ojos; y a pesar de que aquel niño era el encanto de cuantos le veían, no lo fue de su padre, que siendo aún el niño muy pequeño, abandonó a su esposa y a su hijo, yéndose a vivir muy lejos de ellos; quedó la madre con su hermoso niño, que antes del tiempo prefijado por la Naturaleza habló y anduvo, asombrando a las gentes por su rara belleza, por su precoz inteligencia y por algo superior que no tenía nombre. Contaría el niño pocos años, cuando un día salió con otros niños a jugar al campo; los demás volvieron a sus hogares; pero él no volvió; la madre le buscó desolada, hasta que no faltó quien le dijera que de su hijo se había encargado una asociación religiosa, asociación que no seguía la religión del Estado, pero que era tolerada, porque sus enseñanzas eran muy buenas; la pobre madre pidió ver a su hijo, pero no lo consiguió; mas no por esto desistió de su maternal empeño; siempre estuvo cerca de la fortaleza donde sabía que estaba su hijo, hasta que al fin supo que su hijo iba a recobrar su libertad, dando sus mentores por terminada su educación; la madre solícita estaba segura de que le conocería entre mil; sabía que con su hijo saldrían otros muchos, y se colocó junto a la puerta por la cual habían de salir las alegrías y las esperanzas de otras tantas madres. Comenzaron a salir varios jóvenes; de pronto, la infeliz mujer lanzó un grito de júbilo, porque había visto a su hijo más hermoso que nunca; ya no era el niño, era el hombre en lo más florido de su juventud, apuesto, gallardo, con una cabellera hermosísima, con unos ojos que parecían soles; con una sonrisa celestial. Su madre, al verle, se lanzó a su encuentro, gritando:
"¡¡¡Hijo mío!!! ¡¡¡hijo mío!!!" Quiso abrazarle, y el joven la rechazó con frialdad, diciéndole: "Aparta, mujer; no te reconozco, no tengo madre; mi madre no está en la tierra; mi madre es la Naturaleza”.

-LA SAMARITANA: Las frases de aquella desdichada nos impresionaron profundamente, especialmente al gobernador; éste demostró su asombro diciendo:

- PONCIO PILATOS: Mujer, tengo formado de tu hijo muy buen concepto; si mi posición social hubiera sido otra, hubiese ido tras de ÉL para escuchar su palabra divina, y me parece imposible que un hombre que tanto atrae, que quita sufrimientos crueles sólo con su voluntad, tenga a la vez tan malas condiciones no queriendo a su madre; y a no ser que me pareces muy sencilla, que revelas gran sentimiento y que hay en tus ojos algo inexplicable que habla en tu favor, te creería una impostora, un instrumento de los enemigos del hombre-Dios, y si así fuera... ¡Oh!, si así fuera, no saldrías de aquí, que hay encierros en mi palacio para los viles acusadores.
La pobre madre miró fijamente al gobernador y le dijo:

-MARÍA DE NAZARET: No he mentido jamás: ese hombre que quiere redimir al mundo, es mi hijo; lo he sentido agitarse en mis entrañas, he recibido sus primeros besos, y buscándome ha dado sus primeros pasos; me amenazáis con un encierro: ¡encierros!... ¡Qué más encierro que ir por la tierra buscando lo que no encuentro!...
Mi dolor es inmenso, es el dolor de los dolores.

- PONCIO PILATOS: Ciertamente que tu semblante no desmiente tus palabras, porque tu rostro llora, y en verdad que motivos tienes para llorar, porque debe ser horrible verse abandonada por un hijo, que para los demás vale tanto, que para los otros dispone de tantos bienes y a ti te abandona diciendo: Mí madre es la Naturaleza.

-MARÍA DE NAZARET: Es que yo ahora comprendo que mi hijo no es hombre como los demás, y no creáis que al contaros lo que El me dijo, lo haga para acusarle de ingratitud, no; porque siento por El un amor que no tiene nada de humano; desde que sé que El cura y sana, le busco con empeño para que cure mi alma; no tengo sed de ser su madre, mejor dicho, de que El me considere como a tal: quiero que me quiera como si en mi viera algo superior a lo terreno, sin exigencias de ninguna especie. Yo sé que El viene a destruir las preocupaciones humanas diciendo que no hay mas que un Dios, que no tiene hijos predilectos, y aunque sé muy bien que soy su madre en lo humano, no deseo hacer valer mi maternidad, prefiero que me considere como su hermana en la Naturaleza, porque para ser su madre me parece que valgo muy poco; esto es lo que yo quiero decirle y nunca le encuentro.

- PONCIO PILATOS: En verdad, mujer, que no te comprendo, porque una madre siempre tiene derechos sobre sus hijos; tu hijo te rechaza y casi estás conforme con su abandono.

-LA SAMARITANA: Es que el hombre-Dios-repliqué yo-, no parece un hombre como los demás, porque sólo a El he visto yo atravesar los abismos sin caer al fondo, y elevarse a los cielos en medio de oleadas de luz.

- PONCIO PILATOS:¿Pero en qué quedamos entonces? ¿Su cuerpo es como el nuestro? Sí que lo es, puesto que esta mujer asegura que lo ha llevado en sus entrañas; los demás dicen como tú, que salva las cimas más espantosas, y que en las cumbres de las montañas le ven envuelto en nubes luminosas elevándose majestuosamente hasta perderse en las profundidades de los cielos. ¿Quiénes son los que mienten, la madre o los otros?

-LA SAMARITANA: Ninguno, señor, ninguno-le dije yo-, su madre dice la verdad, y los demás también; yo le he visto como un simple mortal al lado de la fuente, hablándome con la mayor sencillez, y en aquel mismo lugar le he visto perderse en las nubes, cubierto su cuerpo con una túnica de luz, siendo El todo luz.

- PONCIO PILATOS: Pues hay que confesar que ese hombre es un ser incomprensible que atrae y seduce; yo por mí lo confieso, siento por El una especie de adoración, y ya que con El no puedo hablar ni me es dado protegerle, sirva mi protección para su madre; mujer, dispón de mí; pide cuanto quieras, que todo te será concedido.

-MARÍA DE NAZARET: Pues entonces dejadme marchar tranquila, y digo tranquila porque aquí dejo amigos de mi hijo. Y volviéndose a mí, dijo sonriendo con dulzura:

-MARÍA DE NAZARET:¡Celos tenías de mí! ¡Pobre criatura!... ¿Tú no sabes que yo quiero los cielos de sus dulzuras y no los cielos de sus deleites? Si El muriera, te quiero a mi lado, necesito aliento, y este aliento está en ti.

-LA SAMARITANA: Y se arrojo en mis brazos llorando silenciosamente.
El gobernador estaba impresionadísimo, y aunque entre el sentimiento del hombre y de la mujer hay una distancia inmensa, como el gobernador era muy bueno en el fondo, el dolor de aquella madre sin ventura le impresionó profundamente, y tuvo para aquella desdichada frases de consuelo, facilitándole además un guía para que la acompañará y todo lo necesario para que no careciera de lo más indispensable, encargándole mucho que dijera a su hijo que en él tenía un amigo, PORQUE LE DEBÍA LA VIDA DE SU HIJO. Ella se mostró muy agradecida de tantas atenciones, y emocionadísima se marchó, prometiendo tenemos al corriente de todo cuanto le aconteciera.

-LA SAMARITANA: Cuando nos quedamos solos, me dijo el gobernador:

-PONCIO PILATOS: No sé qué misterio hay en ese hombre: cuanto se relaciona con él es misterioso; esa madre sin ventura disculpa la ingratitud de su hijo, y éste, que parece un Dios, repartiendo bienes y consuelos, tiene para su madre un proceder incalificable; tú que has estado cerca de El, también eres un problema indescifrable, eres buena, eres agradecida, y al mismo tiempo eres ingrata. Mi hijo, que tanto necesita de ti, el pobrecito apenas puede disfrutar de tu compañía; a lo mejor te vas sin dar la más leve explicación, sabiendo que aquí haces mucha falta, porque Azara ,(esposa de Pilatos), se entristece cuando Abelín le pregunta por ti, y llora desconsolada. Yo también te necesito, te quiero con todos los amores, y a pesar de todo, cuando te da por irte, te vas...

-LA SAMARITANA: No creáis que me voy por capricho, ni que disfruto lejos de aquí, al contrario: este lugar, es mi puerto de salvación; las caricias de vuestro hijo son un cielo para mí; pero cuando me impulsa una fuerza desconocida, si no pudiera salir por las puertas, creo que me arrojaría desde la mayor altura; más, descuidad, que por hora me encuentro muy tranquila.

NOTAS DE VALMORE: De esta manera culmina en el libro “Te perdono” el encuentro entre MARÍA DE NAZARET, LA SAMARITANA Y PONCIO PILATOS.
Se puede observar que para la época en la que se publicó el “Te Perdono no era conveniente publicar toda la verdad sobre la vida y obra del Misionero Jesús, de allí que aspectos como el resto de los hnos de Jesús no son mencionados, entre otros aspectos que solo el Maestro Juez divulgaría al mundo en el momento señalado por las Profecías.

Considero que el que leyó con detenimiento este relato le pudieron quedar muchas incógnitas, como por ejemplo ¿Quién era la SAMARITANA y cómo fue a dar a la casa del Gobernador Poncio Pilatos? ¿Qué pasó en la Fuente donde se dio el encuentro entre JESÚS Y LA SAMARITA? ¿Por qué LA SAMARITANA le da tanta importancia a ese encuentro con JESÚS en la Fuente?
Todas esas preguntas y otras más se pueden responder en otros trabajos sobre la interesante vida de “JESÚS HOMBRE Y NO DIOS”

FIN.
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