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 Matrimonio electricidad y espíritu

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DAVET
Invitado



MensajeTema: Matrimonio electricidad y espíritu   Dom Abr 22, 2012 12:01 pm

Alma y electricidad son la misma cosa1.

Palabras clave: Matrimonio electricidad-espíritu.

Cuántos de nosotros hemos notado como el maestro Joaquín Trincado, en todas sus obras (o al menos en todos los libros que hemos leído de el) remarca el axioma de la electricidad: “fuerza omnipotente y madre de todo lo creado”, como si nos tomara de los hombros y agitara nuestra cabeza para hacernos entender; pues es uno de los axiomas en los que se fundamenta nuestra escuela y es la tesis sobre la que debemos trabajar todos los que nos llamamos espiritistas racionalistas. Debemos tener en claro que cuando el maestro juez habla de electricidad, se refiere a todas las manifestaciones posibles de la misma, como son corriente eléctrica, campos electromagnéticos, rayos X, señales de telégrafo, rayos catódicos, radiación beta, etc.

Motivado por los trabajos anteriormente publicados por mi hermana Friné en este foro, me di a la tarea de hacer una investigación bibliográfica acerca de las ultimas teorías que estén encaminadas a comprobar, aunque de manera indirecta, este axioma, encontrando dos escuelas: una la Biofotónica y la otra la Bioelectromagnética. La primera, descubre que todos los organismos vivos emiten luz (biofotones) de muy baja intensidad (brillo) en el rango de frecuencias (ciclos por segundo; colores) que van del infrarrojo al cercano ultravioleta y que esta luz es originada por un campo electromagnético que existe en el interior de los organismos cuya función es regular las actividades intra e intercelulares. La segunda escuela se basa en la hipótesis de que la información biológicamente relevante de las substancias puede trasladarse hacia los organismos sin contacto químico por medio de campos eléctricos, magnéticos  o electromagnéticos de alto voltaje que pueden imprimir la información en agua u otras soluciones, lo que se le conoce también como la memoria del agua. Hablemos un poco de la Biofotónica, en especial de los biofotones y la función que realizan.

Los biofotones son fotones (partículas de luz) emitidos espontáneamente por todos los sistemas vivos u organismos. Este fenómeno no se debe solamente a la radiación térmica (cantidad de calor emitido por el sistema) que se ubica en el rango infrarrojo de frecuencias, sino que estos biofotones son también emitidos en el rango del visible (del rojo al violeta) al ultravioleta. Actualmente, la intensidad de los biofotones puede registrarse de unos cuantos por segundo en un área de un centímetro cuadrado a varios cientos por segundo sobre la misma área, algo que es muy difícil de detectar directamente. Si se distribuyen todos estos biofotones de acuerdo a su frecuencia, o sea, si se hace un gráfico donde la línea vertical describa el número de fotones (intensidad) y la línea horizontal describa la frecuencia, dicho gráfico no mostrará ningún pico alrededor de frecuencias definidas, lo que significa que un organismo tendrá la misma probabilidad de emitir fotones de cualquier frecuencia o color. A este comportamiento se le llama coherencia y se le puede comparar con la luz coherente que usualmente se produce con dispositivos técnicos como son los láser, lo que manifiesta un mayor grado de inteligencia.

Pero claro, estos son efectos que podemos apreciar de forma macroscópica y son el resultado de una monstruosa cantidad de procesos bioquímicos que se dan a nivel celular. Una célula ordinaria tiene un diámetro de alrededor de 10-3cm. Dentro de esta célula en general ocurre una alta actividad metabólica de casi 105 reacciones por segundo. Para cada reacción bioquímica es necesaria una energía de activación adecuada (que va del rango de microondas al ultravioleta) para que la célula realice esta serie de procesos. El biofísico G. Cilento, en su libro “Chemical and Biological Generation of Excited States” (Academia Press, Nueva York, 1982) o Generación Química y Biológica de Estados Excitados, demostró que en algunas (si no todas) las reacciones bioquímicas se efectúan de tal forma que un fotón es tomado de un campo electromagnético que llena todo el espacio intercelular, entonces excita la célula y finalmente regresa a ocupar un estado en el campo que lo emitió, quedando disponible para la siguiente reacción. Cual sea el mecanismo de este proceso, un solo fotón es capaz de provocar alrededor de 109 reacciones por segundo, desde que el tiempo de reacción promedio es del orden de un mil millonésimo de segundo (10-9 segundos), pero lo maravilloso aquí es que este fotón es conducido de tal forma que libera la energía de activación correcta al tiempo exacto y en el lugar correcto. Esto significa que una intensidad sorprendentemente baja de fotones puede generar todas las reacciones químicas en una célula en el caso de que haya un buen “controlador” de este campo biofotónico, dicho controlador no puede ser el campo térmico del sistema vivo, porque si así lo fuera, la distribución de fotones tendría un carácter caótico. Además se ha descubierto, a pesar de las muy bajas intensidades, que al menos hay 1010 a 1040 fotones de más que los disponibles bajo condiciones de equilibrio térmico. Por lo que queda descartado que el propio calor corporal de los organismos vivos sea la fuente de energía reguladora de las funciones vitales. Esto explica un hecho de que algunas reacciones en las células sean más fáciles de realizar en estas condiciones que en el equilibrio térmico.

El comportamiento coherente de los biofotones nos puede llevar a explicar la presencia del “controlador” y su alta eficiencia, vale la pena hacer notar que en sí un fotón en una célula muestra siempre un grado de coherencia parcial significativo. Tomemos como ejemplo una transición óptica permitida de tiempo de vida de 10-9 segundos (un fotón emitido por el “controlador”). Durante este tiempo el fotón emitido ha viajado una distancia de aproximadamente 10cm que es diez mil veces mas grande que el diámetro de una célula. Se muestra entonces, una situación biológica de permanente interacción entre radiación electromagnética y materia en un medio ópticamente denso de una célula en la que debemos considerar patrones de interferencia refinados que se extienden desde unos nanómetros (10-9 metros) hasta centímetros (10-2 metros) y de nanosegundos (10-9 segundos) a segundos. Cada organismo tiene entonces un  campo electromagnético “controlador” el cual presenta un alto grado de coherencia o coordinación, así como de extensión de tal forma que cada célula está conectada o tenga la capacidad de conectarse con las demás.

Es de sorprender también que el número de biofotones emitidos se incrementa considerablemente cuando el sistema ha sufrido daños, previniendo que muera. Este fue el caso observado por el biofísico alemán Fritz Albert Popp y colaboradores, del International Institute of Biophysics, en Neuss, Alemania, quienes realizaron pruebas de conteo de fotones emitidos por plantas de pepino. Popp encontró que el conteo de fotones aumentaba a la razón de decenas de miles de fotones cuando se mataba a la planta con acetona que cuando se realizaba el conteo con la planta sin tratamiento. También descubrieron que la radiación biofotónica es capaz de atravesar la materia viva sin atenuarse y aún no se conoce su alcance longitudinal.

Concluyo entonces, que el campo electromagnético “controlador” es el Alma, ya que obedece a una voluntad, por eso se dice que Alma, Eter y Electricidad son la misma cosa y por lo tanto no tiene voluntad, la voluntad es la del espíritu que controla la especie y quien ordena al Alma o “controlador” cuanta energía, a qué tiempo y en qué punto suministrarla; cosa que por si misma no puede hacer. Cuando el sistema es dañado intencionalmente, entonces el Alma tiene la orden de repararlo o preservarlo suministrando más energía para hacer trabajar todas sus componentes células. Pero en cambio, si el Alma padece de alguna alteración o se debilita, entonces el organismo está expuesto a bacterias y virus y entonces se enferma; siendo extensivo al cuerpo humano. Y esto no es nuevo, es lo que Hahnemann nombró en la década de 1830 la Fuerza Vital, por lo que con mucha razón sostenía que el paciente no se enferma por el solo hecho de estar expuesto a un virus o una bacteria, sino por el debilitamiento o padecimiento de su Fuerza Vital o Alma.

Es por esto que se exige que los médicos sean facultativos porque sólo así tendrán la suficiente sensibilidad de poder captar estos “aumentos en la intensidad biofotónica” de sus pacientes y almacenarla en su propia Alma, para que así el espíritu tome esas formas e intuya el tratamiento correcto. Y se pueden sacar más cosas, pero será para la próxima.

Que la bendición de Eloí y la intuición de los maestros os alcancen.

Davet

 
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