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 EL AMOR DE HERMANO ES LA LEY POR ENTERO/LOS CINCO AMORES MTRO JT

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AutorMensaje
JOSE SALCEDO



Mensajes : 52
Fecha de inscripción : 26/11/2011

MensajeTema: EL AMOR DE HERMANO ES LA LEY POR ENTERO/LOS CINCO AMORES MTRO JT   Miér Mayo 16, 2012 7:08 pm

CAPITULO QUINTO
EL AMOR DE HERMANO ES LA LEY POR ENTERO



Atrás hemos escrito que los esposos son el primer parentesco. ¿Creéis que hay contradicción con el epígrafe de este capítulo? No tal. Allí hemos hablado del parentesco consanguíneo y aquí tratamos del parentesco espiritual.

Sí, el amor de hermanos es la ley por entero; porque como hijos del mismo Padre Creador, todos los espíritus, quieran que no, bien que aparezcan de luz como ángeles, o ya sean «Negros de Hollín» como demonios, según los tituló Abrahán, serán siempre hermanos, aunque renieguen los supremáticos y los plutócratas; no pueden dejar de ser hermanos del que se emplea en barrer las calles.

«No hace el hábito al fraile», dice el adagio. No hace la posición del hombre categorías en los hombres, digo yo por deducción lógica; ni el obrero desgreñado y harapiento es la representación de un espíritu atrasado, ni el frac, ni la púrpura indican elevación del espíritu.

Una y otra son posiciones que el espíritu toma para el cumplimiento de un deber y por la compensación de la ley; pero en general, el obrero productor, indica siempre un espíritu progresado y de progreso y debajo de aquellos harapos y pelos desgreñados o cara tostada por el sol, hay un espíritu luminoso y regenerado. Como un general también, debajo del frac, del hábito o sotana, como de la púrpura, se oculta el verdugo, el tirano el libertino, el usurpador y el retrasado siempre, porque le falta el valor y la fuerza necesaria para el progreso.

Pero el amor fraternal ha de demostrarse como hombres, como es ley para todas las cosas que la Creación tiene, que se han de demostrar en las formas para apreciarlas como tales.

El Creador ha hecho una Ley única de armonía y el amor, con ser la ley madre, no puede diferir de lo contenido en el secreto de la Creación para su demostración.

La demostración del Universo está en los mundos y los hombres tangibles; y la demostración del amor de los hermanos en espíritu, ha de demostrarse como hombres, amándose como hermanos en la materia, como lo son en espíritu.

Esta moral se ha predicado siempre por los misioneros, desde que se pudo escribir una ley en la tierra; y al efecto, Shet sentó en la ley Sánscrita: «Todos los hombres de todas las tierras hermanos son». Moisés escribió en su segundo mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», y Jesús predicó: «Amaos los unos a los otros, como el Padre nos ama a todos».

Aun cuando todos los moralistas han recomendado lo mismo, no hay necesidad de tomar más que esos tres, por ser los más autorizados por sus misiones trascendentales y a los cuales no se les ha podido rebatir con ninguna razón filosófica, como no se le puede argumentar a la Naturaleza que nos habla en todo de amor igual.

Pero he aquí que, a pesar de esa prédica constante, todo se ama, menos los hombres, los que se odia a muerte y se matan con furia y rabia. ¿Cuál es la causa? No quisiera tener que entrar aquí en esa materia y no entraré, ya que toda la «Filosofía Austera» y todas nuestras obras, buscando la causa raíz del mal mundial, trata de ello; pero solo encontramos que las religiones son las causas del desamor de los hombres, del odio de los hombres y de las guerras de los hombres.

¿Dónde han visto las religiones que la Naturaleza haya hecho distinción a un solo hombre? ¿Por qué entonces ellas consagran diferencias y jerarquías? ¿Dónde vio el supremático y plutócrata que él fuera concebido ni naciera de distinto modo y forma que el que vemos labrar la tierra o barrer las calles? ¿Vive el plutócrata y parásito civil y religioso más larga vida, es decir, no muere igualmente que el barrendero y labriego? ¿Por qué dividieron la tierra en naciones? ¿Por qué ésta la subdividieron en parcelas, apropiándoselas precisamente los que no la cultivarían? ¿Por qué crearon las castas y las clases? He aquí las causas de las guerras, de los odios y del desamor.

La naturaleza señaló, sí, etnicismos y aun colores si queréis; pero es porque lo darían el humus de cada región; pero en ella habría de señalar la armonía en la variedad y la belleza en el conjunto, como nos la muestra un jardín, que tanto más admirable es cuanta mayor variedad de colores y de aromas encierra. ¿O creéis que el Padre no tiene el gusto refinado?

Pues bien; cada hombre es una flor del inconmensurable jardín del Padre y todos viven por el mismo amor y alimento. ¿Cómo, pues, puede ser uno más apreciado que otro?

El Padre ama igual al malo que al bueno; al rebelde, como al obediente; lo que hay es que, por lógica razón y por recta justicia, debe dar al enfermo, o malo, el correctivo y medicinas necesarias; y al rebelde, someterlo a la disciplina, la que no necesita el obediente y bueno; y por más, como se identifica con la Ley, recibe de ésta sus beneficios; pero no es porque el Padre nos haga la diferencia, sino que nos la hacemos cada uno mismo, porque la Ley no se deja vencer.

Esto quiere decir sencillamente, que cada uno alcanzamos sólo aquello que nuestro progreso nos permite; pero este progreso se muestra solamente en el grado de amor que podemos desarrollar y esto es matemático; es decir, sin réplica y sin excepción, sin que valga la hipocresía.

Aquí oigo un murmullo ensordecedor de dudas y exposiciones; dicen: Fulano es un bandido y goza de riquezas; Mengano es asesino, envenenador y es respetado y tenido por grande; Zutano es un parásito y tirano y es elevado al súmum del poder; y Mengano es un corrompido y es el juez que juzga con odio al humilde... ¿Y qué me dices con todo eso? ¿Acaso no los acusé ya? ¿Creéis que lo disfrutan? ¿No los veis que viven sin sosiego, temiendo la justicia del pueblo? Y si temen, ¿no es que la ley les obliga al remordimiento? No han triunfado; se han hundido ellos mismos. Hoy que el pueblo ha hecho conciencia, los castiga sometiéndolos a la igualdad de la ley, que les será muy dura, no porque emplea más rigor, sino por su estado de moral retrasada; pero quieran que no, o entran en los engranajes de la gran rueda, o los aplasta y los tira al hospital. Los hombres del progreso comprenden la justicia de ese hecho tremendo y lo acatan; los retrógrados, los tiranos, los plutócratas, los verdugos, los parásitos, los enemigos del progreso por supremáticos, quieren detener esa omnipotente máquina y se suicidan en esa resistencia de impotentes. ¿Dónde está su triunfo? ¿dónde su disfrute?

Pero hay un punto más triste y terrible. ¿Sois todos los trabajadores amantes de la justicia?

Si os atrevéis a decir que sí, os trataré de hipócritas, de farsantes, de obreros disfrazados. Y por desgracia aun hay muchos a quienes acusar de egoístas y enemigos de sus compañeros. Y no me podéis desmentir a mí, que durante 45 años estuve con las herramientas en la mano y toqué de todos los oficios por razón de mi profesión de electricista; y si obedecí como simple obrero, también mandé grandes brigadas de obreros de todos los oficios y vi siempre en los más el egoísmo, no importándole a uno subir a costa de los demás; y otros más audaces, engañar y sobornar a los más morales.

Por esto la ley de amor llamó a la de justicia y le ordenó agobiar con todos sus medios a todos los obreros del mundo, hasta hacerlos unirse bajo el dolor y el hambre; y ya lo veis; hoy ocho décimas partes de los obreros del mundo todo, se dieron la mano y se juramentaron a la lucha final.

Esta lucha es tremenda, porque las otras dos décimas partes son falsos obreros y de espíritus retrasados; se unen como serviles con los supremáticos civiles y religiosos, que tienen las armas usurpadas al progreso común, con las que pueden resistir un momento más su lucha de agonía y es por el odio nada más.

Pero la ley triunfa siempre; y aunque haya tenido que recurrir al rigor del hambre y del dolor esas ocho décimas partes de hombres del mundo obrero y trabajador unidos, representan la mayoría y hablan de amor, se llaman hermanos y la ley los confirmará, entregándoles el régimen comunal, que es donde se asentará el amor, con la verdadera fraternidad.

¿Dónde está el triunfo de los tiranos, etc., que el murmullo opuso a mi pensamiento y paró un instante a mi pluma? ¿Que dominaron unos siglos? Dominar no es triunfar; Si lo que se domina no se gobierna, no puede obtenerse el triunfo, el que se manifiesta sólo en el contento universal, en el bien común, en la ayuda sin cuentas, en el amor fraternal.

El amor fraternal, pues, es el fin de la ley y lo consiguió siempre en todos los mundos. ¿Fracasará en la tierra? Mundos conocemos hasta por la astronomía, que una sola ciudad tiene más habitantes (hombres de carne y hueso) que toda la familia terrenal y allí triunfó en si día la ley y el amor de hermanos está en su más alta expresión. Y... en la tierra, que apenas es unidad, apenas es número, como mundo, por su pequeñez y reducido número de habitantes, ¿podrá esta insignificancia vencer a la ley?

Orgullo y maldad no le falta, hasta declararse un falaz Pontífice infalible. Pero unas horas más tarde, la ley levanta un Garibaldi y arroja al falaz del trono imperial, recluyéndolo en prisión, de la que no saldrá más que ejecutado y muerta su religión, causa única de todo desamor.

Se hicieron Dioses los supremáticos de Egipto, y caen en su sepultura esclavizados. Se diosifica la Grecia y al momento es atada al carro romano y desecha. Se diviniza Roma y otro Dios más tirano incomparablemente, la deshace y Roma pasa a la historia de los vencidos y al final es preso el representante de ese Dios y muere la Religión, que sembró el odio entre los hombres. ¿Quién vencerá a la ley? «¿Yo que hago parir seré coartado?» dijo Jehová por Isaías.

Y bien; siendo hermanos todos los espíritus y habiendo desconocido su hermandad siendo hombres, por causa del antagonismo de las moléculas materiales que componen nuestros organismos, el espíritu se ve obligado por la ley a purificar la materia y reconocerse y servirse mutuamente y confesarse hermanos, como hombres. ¿Qué medios tiene la ley para conseguir ese máximo fin? La reencarnación.

En efecto. Como hemos probado matemáticamente en la Filosofía Austera, los espíritus son obligados por su propio progreso a reencarnar continuadamente, para metamorfosear y afinizar cada uno su alma con la de todos los otros de su familia mundial. Esto nos obliga a encarnar cada vez en diferente nación, pueblo y hogar y en diferentes padres, hasta conseguir ese máximo fin de la ley, de la verdadera fraternidad como hombres.

Ya está conseguido por la mayoría en la tierra y es por esto este movimiento social de las ocho décimas partes de los hombres para someter a las otras dos décimas partes de plutócratas enemigos del pueblo fraternizado.

El hecho solo de levantarse el pueblo trabajador y pedirle cuentas al parasitismo plutócrata, es su triunfo indiscutible. Pero hay que sostener la lucha, porque el tirano, verdugo y falaz, no quiere ceder su sitial y el pueblo en ley lo tiene que derribar por mandato omnímodo.

Si el pueblo obrero hubiera sido educado en la verdadera moral fraternal, no tendría el plutócrata nada que temer hoy. Pero como no sembró más que odio ¿qué cosecha puede esperar?

El espiritismo era el arma de la sabiduría para llegar a la fraternidad sin violencias y sin derramamiento de sangre; pero el plutócrata aviesamente desfiguró, vilipendió y persiguió ese único santo principio, porque sabía que era el juez inflexible de los delitos y méritos de los hombres. El pueblo ha desconocido ese lazo supremo de unión, por lo que, aunque los espíritus de los trabajadores lo saben, como sus materias están prejuiciadas y cargadas del odio sembrado, ve en el plutócrata a su enemigo y lo acomete a muerte, de lo que no es culpable el pueblo, aunque sí es responsable. Pero como de esa responsabilidad es causa la falacia de los educadores del pueblo, la responsabilidad es también del plutócrata; elevándose por lo tanto la atenuante del pueblo al grado justo de «no responsable», pues lucha por la ley de defensa propia que autoriza la ley.

Esta lucha, pues, es ya por causa de haberse reconocido los hombres en una inmensa mayoría hermanos y quieren no tener vallas, ni fronteras, ni necesidades en su vida de hombres; y a derribar esas vallas, borrar esas fronteras y anular la propiedad privada, causa de la necesidades todas y de la miseria en general, van los hombres de progreso ayudados por todos los espíritus fraternizados y de los de la solidaridad. ¿Quién vencerá? La ley. Y los hombres llegarán al quinto amor.
JOAQUIN TRINCADO
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